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Flamenco de cuarto

El Tabanco del Tío Gregorio tiene efectos revulsivos en el Albaicín. Tasca, centro de formación y sala de exposiciones durante el día. Por las noches, espacio para recitales íntimos

EDUARDO TÉBAR.
Los nostálgicos lamentan la paulatina decadencia del Albaicín. “Esto ya no es lo que era”, se queja un vecino que baja el camino empedrado. No le falta razón. Pero, a pesar del deterioro y ese abandono que hierve la sangre de quienes aman y han amado por sus calles, el viejo barrio granadino sigue atesorando rincones mágicos. Alacenas que confirman la teoría del embrujo. “Y del duende”, añade otro lugareño de quebrada y canto profundo.

En realidad, pocos conocen a Gregorio. Ese santo con facultades milagrosas q ue hoy da nombre a una de las cuestas más bellas y transitadas en la ciudad. ¿Será el mismo tío Gregorio que hoy preside el letrero de El Tabanco?

No hay nada tan albaicinero como la coincidencia y el misterio. Gregorio debió regentar algún puesto. Quizá una tienda. O un cajón. Gregorio se paseaba por los mercados vendiendo comestibles. Cualquier conjetura encaja. ¿La única certeza? Gregorio está en la mente de todos los granadinos por obra y gracia de una cuesta. Al menos, así ocurría desde hace un lustro, hasta que un grupo de amigos decidieron inaugurar el más íntimo santuario del flamenco y del jazz: El Tabanco del Tío Gregorio.

Dentro, un mosaico de imágenes y motivos ilustran la música popular del barrio. Sí, hablar del Albaicín es hacerlo de flamenco. Aunque, en este caso, el seguimiento alcanza cotas místicas. Pocos espacios conceden semejante intensidad, un contacto tan cercano con el artista. La ´logia´ se reúne en un habitáculo reducido. Cuidado, el crujir de la madera de la silla puede despistar al músico.

“Pretendemos dotar al barrio de un sitio donde la cultura flamenca esté presente. Algo que encaja con la tradición musical del Albaicín y con su realidad”, explica Javiér López, responsable de El Tabanco. Y sabe lo que se trae entre manos. Es consciente del encla ve privilegiado en el que fomenta la divulgación del arte. “El trayecto comienza en Calderería de Granada. Después hay que subir la Cuesta de San Gregorio. Es uno de los caminos que llevan al Mirador de San Nicolás. En efecto, no se trata de ninguna tontería ni asunto baladí”.

El Tabanco alberga exposiciones de pintura, fotografía y escultura. Durante el día se imparten clases de guitarra y cante. “Es un lugar de encuentro para flamencos de cualquier parte del mundo. La gente del barrio suele venir por aquí. Es un ambiente asociativo y d e músicos. Quien llega, se encuentra un montón de flamenco. Estamos a acostumbrados a mantener largas tertulias sobre el valor del arte jondo”.

Parroquianos ilustres. Rostros conocidos del mundo del flamenco granadino suelen dejarse caer de vez en cuando por El Tabanco del Tío Gregorio. “El Yerbita es uno de nuestros parroquianos. Un guitarrista muy conocido en el Albaicín. También El Niño de las Almendras, Salvador Román… Estos personajes suelen parar aquí para tomarse un vino y echar el rato”.

Esta noche actuará el guitarrista israelí Dan Ben Lior. Un tipo que llegó a Granada hace tres años en el más absoluto anonimato. Al poco, un mano a mano con el célebre trom petista Jerry González le colocó en el punto de mira. “Dan Ben Lior es un monstruo, un auténtico fenómeno”, elogia Javier. “Todos nuestros conciertos empiezan a las nueve de la noche y cuestan cinco euros con consumición. El precio es una pequeña aportación. Así llevamos dos años celebrando recitales en vivo”.

¿Y la clave del éxito? “El Tabanco es un local que, por su tamaño, permite apreciar muy bien los detalles del flamenco y de la música. La gente se encuentra a gusto porque contempla flamenco de cuarto. El público lo agradece bastante y los músicos lo gozan”. Javier guarda una estrecha relación con los ambientes flamencos de Jerez. En cierto modo, ejerce de embajador del garito por el resto de Andalucía. “Me consta que allí somos muy conocidos. De hecho, hemos llevado alguna exposición de pintura de Antonio Valentín”.

El 30 de octubre inaugurarán la exposición de Valentín. “Va a ser un pelotazo porque mostraremos obras nuevas”. Mientras sueñan con cumplir un viejo deseo: traer al jerezano Juan Moneo ´El Torta´. San Gregorio les ayudará.